Entre la automatización y la complejidad humana
Desde la perspectiva de gestión de talento en nuestras empresas, el impacto, implantación y uso de la IA, ya sea en su versión Generativa, Agéntica o en cualquier otra modalidad, ya vemos que no es un tema sencillo. En las últimas semanas, voces expertas y algunos medios especializados pronostican que ya no necesitaremos un software o plataforma SaaS para ejecutar procesos complejos.
Con una buena nube de datos, las reglas de juego (convenios laborales) y agentes-IA preparados, en teoría podríamos procesar todas las nóminas de nuestra plantilla sin esfuerzo. Dicho así no suena mal, aunque todos intuimos que hay matices.
Siguiendo en la gestión de personas, en aspectos como la gestión por competencias, los modelos de retribución o los planes de desarrollo y formación, la cosa se pone más interesante. Todo lo que sea analizar y planificar desde los datos y las reglas a la IA se le da bien, pero la gestión de personas es algo más complejo. Es mejor asumir que no todo estará en manos de la IA.
Ventaja competitiva en la era de la inteligencia artificial
Como en oleadas tecnológicas anteriores, la ventaja competitiva vendrá del uso adecuado y enfocado de la tecnología. Lo fue con la llegada de internet y lo ha sido en cada gran transformación. Esta oleada actual nos parece diferente, parece que acabará con puestos de trabajo de forma masiva, las voces más apocalípticas pronostican una desaparición de personas, de funciones e incluso de tecnologías como el software as a service (SaaS) en las empresas, como decíamos. La cierto es que nadie lo sabe, seamos sinceros.
Liderazgo humanista: tecnología al servicio de las personas
Me viene a la cabeza Thomas Friedman, que en 2018 en “Gracias por llegar tarde” de Ed. Deusto, ya nos decía que llegamos tarde a la transformación que vivimos -Tecnología, Globalización, Cambio Climático-; sí, la tecnología lleva años anticipándose a nuestra capacidad de asimilarla, va siempre por delante y debemos asumir que será así siempre. La clave está en ponerla al servicio de las personas no al revés, debemos ponernos manos a la obra para identificar en que áreas y en que procesos podemos usar la tecnología para mejorar nuestras empresas, en forma de mayor valor, primero para el cliente, después para la cuenta de resultados (el crecimiento rentable es una obligación), los resultados son lo único que no puede cuestionarse y todo ello ubicando en el centro a las personas, los básicos y esenciales del liderazgo humanista.
Prefiero pensar en positivo, creer que, gracias al uso de la IA aplicada en los procesos de gestión de talento, cada vez las plataformas de gestión de software y tecnología serán más rápidas, más flexibles, más fáciles de usar y podremos incrementar nuestras capacidades y crecimiento de nuestras personas. Llegan pronto cambios regulatorios alrededor de la transparencia salarial, como hemos tenido entorno a la gestión del tiempo o en otras regulaciones que las administraciones han puesto en marcha los últimos años, ahí el uso de la IA realmente puede ser una gran aliada, manejar datos con modelos regulados y hacer análisis predictivos a la IA se le da bien y falla poco.
Lo verdaderamente transcendental seguirá siendo, a mi modo de ver, la Cultura y el modelo de Liderazgo en las empresas. Nuestras compañías evolucionarán no a la velocidad de la IA sino al ritmo al que podamos evolucionar la cultura interna, la gestión del cambio y el crecimiento de nuestras personas al compás de lo que nos demanden nuestros clientes, es decir, no creceremos gracias a la IA, seguiremos creciendo gracias a nuestros clientes, la clave sigue estando en ¿Cómo usará la IA mi cliente y para qué?
La tecnología como catalizador
Si algo ya hemos aprendido es que la tecnología nunca ha sido el destino, sino el catalizador. Podemos debatir sobre algoritmos, agentes autónomos o la posible desaparición de determinadas herramientas actuales como el ejemplo expuesto de software para calcular las nóminas, pero el verdadero diferencial seguirá siendo nuestra capacidad de proporcionar valor a nuestros clientes desde nuestra propia cultura y personas.
La IA no define el futuro de nuestras empresas; lo define cómo decidimos integrarla en nuestra cultura, cómo preparamos a nuestras personas y qué propósito guía nuestras decisiones. La historia empresarial demuestra que las organizaciones que trascienden no son las que adoptan antes la tecnología, sino las que la alinean mejor con las necesidades de sus clientes.
Lectura recomendada
¿Quieres conocer más ejemplos concretos de cómo la IA puede impulsar tu área de RRHH? No te pierdas este webinar on demand en nuestra web.



