Conoce cómo optimizar tus procesos de envíos y firma de documentación laboral, para ayudarte con las contrataciones con la solución Hire&Sigh | Solicita una demo

Tengo (o no) depresión post-vacacional

Compartir

Magnific

Se acaba agosto y volvemos a escuchar uno de esos clásicos de final de verano, casi tan tradicional como los anuncios de coleccionables por fascículos: la depresión post-vacacional.

Tabla de contenidos

Que si cuesta volver, que si el despertador, que si los correos acumulados, que si las reuniones, que si necesitamos unos cuantos días para “aterrizar” después de las vacaciones…Permitidme una reflexión en este ya inminente inicio de curso.

Las vacaciones son necesarias (faltaría más): descansar, desconectar, viajar, estar con la familia, con los amigos, leer, correr, cuidar tu huerto, contemplar el mar o simplemente no hacer absolutamente nada. Cada uno que elija su fórmula. El tiempo de calidad es nuestro y debemos decidir dónde queremos invertirlo.

Pero una cosa es echar de menos las vacaciones, y otra muy distinta asumir que volver a nuestro proyecto profesional tiene que producirnos necesariamente tristeza. Quizás deberíamos cambiar el enfoque.

Si al regresar sentimos permanentemente que aquello que tenemos delante es una pesada condena, probablemente la pregunta no sea cómo superar la depresión post-vacacional, sino otra bastante más incómoda: ¿Estoy realmente en el proyecto en el que quiero estar?

Aquí aparece de nuevo uno de mis conceptos preferidos: la Honestidad con uno mismo, aquello del efecto espejo: mirarse de frente y preguntarse si nos entusiasma lo que hacemos, si confiamos en las personas con las que compartimos viaje, si aprendemos, si aportamos, si tenemos retos por delante y, sobre todo, si encontramos un propósito razonable en nuestra actividad.

No todo tiene que ser Disneylandia, obviamente.

En cualquier proyecto existen lunes complicados, reuniones que podrían haber sido un correo, días que todo sale mal, problemas inesperados, clientes difíciles, decisiones equivocadas y algún que otro personaje del que conviene mantenerse a una distancia prudencial. Los Piratas, ya sabéis, mejor en el Caribe.

Pero una cosa son las dificultades y otra perder la ilusión. Y precisamente de eso debería ir septiembre, de ilusión.

De volver con ganas de construir, de aprender algo nuevo, de reencontrarnos con nuestros compañeros, de revisar aquello que no funcionaba antes del verano y cambiarlo, de afrontar proyectos con nuevos clientes, lanzamientos de nuevos productos, nuevas oportunidades y, cada vez más, nuevas formas de trabajar, porque sí, en medio de todo esto aparece nuestra querida y omnipresente Inteligencia Artificial.

La IA tiene una enorme ventaja en septiembre: no sufre depresión post-vacacional.

No necesita café para arrancar, no protesta por volver a la oficina, no ha olvidado la contraseña después de tres semanas de descanso y tampoco necesita explicar durante media mañana dónde ha pasado agosto. Está ahí. Disponible. Activa.

Pero precisamente por eso, cuanto mayor sea la presencia de la IA en nuestras organizaciones, más importante será aquello que únicamente podemos aportar las personas:

La ilusión.

La actitud.

La curiosidad.

La empatía.

La intuición.

La generosidad.

El compromiso con un equipo.

La capacidad de ilusionarnos con un reto.

La tecnología nos ayudará a ser más eficientes, analizar más información, automatizar tareas y seguramente a tomar mejores decisiones. Todo ello es fantástico y bienvenida sea. Pero el propósito sigue siendo nuestro.

La IA puede acompañarnos en el viaje, pero alguien tiene que decidir hacia dónde queremos viajar. Y ahí volvemos al liderazgo, empezando por el más complicado de todos: liderarse a uno mismo.

Honestidad para reconocer dónde estamos. Capacidad para elegir y, por tanto, renunciar; y sin duda actitud para afrontar aquello que hemos elegido.

También convendría poner las cosas un poco en perspectiva. Muchísimas personas desearían tener un proyecto profesional al que regresar en septiembre. Hoy en España hay miles de personas buscando empleo, emprendiendo sin ninguna garantía, esperando una oportunidad o intentando reconstruir su trayectoria profesional.

Tener un proyecto no debería vivirse como un castigo. Debería ser, como mínimo, una oportunidad. Así que quizás este año podemos probar algo diferente.

Cuando llegue ese primer lunes de vuelta, en lugar de hablar de depresión post-vacacional, hablemos de retos post-vacacionales.

Pensemos qué queremos aprender.

Qué queremos cambiar.

Con quién queremos compartir el viaje.

Dónde podemos aportar más.

Y qué cosas queremos hacer mejor que antes del verano.

No podemos controlar todo lo que ocurrirá durante el nuevo curso.

Pero sí podemos elegir la actitud con la que queremos comenzarlo.

Las vacaciones terminan.

La ilusión no debería hacerlo.

Feliz vuelta, feliz proyecto y Gas.

Pep Aragonés Ros

Pep Aragonés Ros

CEO de Squarepoint

Etiquetas:

Más artículos que te pueden interesar

Gestión de Personas

Claves para gestionar equipos diversos con éxito

Los equipos diversos son cada día algo más común, pero su gestión presenta algunos retos a los responsables. La escucha activa, empatía, adaptabilidad y liderazgo inclusivo son algunos de los factores en los que tenemos que poner especial atención.

Leer más »

Pásate a una forma más fácil de gestionar personas

Escríbenos para analizar tu caso y dar el primer paso juntos.