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Tendencias de sostenibilidad en 2024

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La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) se ha convertido en un pilar fundamental para el éxito sostenible de las empresas y su impacto en la sociedad. A medida que avanzamos hacia el año 2024, es crucial examinar las tendencias emergentes en RSC y comprender su profundo significado tanto para las organizaciones como para la sociedad en su conjunto.

¿Qué se entiende por RSC?

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC), también conocida como Responsabilidad Social Empresarial (RSE) o factores ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza), ha evolucionado considerablemente en los últimos años, pasando de ser un concepto periférico a convertirse en un pilar esencial para las empresas modernas. Este enfoque se centra en la integración de prácticas éticas, sostenibles y socialmente responsables en las operaciones comerciales, reconociendo que las empresas tienen un impacto más allá de sus resultados financieros.

El origen de la RSC se remonta a las últimas décadas del siglo XX, cuando las empresas comenzaron a adoptar un papel más activo en cuestiones sociales y medioambientales. En los últimos años, este compromiso ha cobrado aún más importancia a medida que la sociedad, los inversores y los clientes demandan transparencia, ética y sostenibilidad.

La RSC no solo ha pasado a ser una práctica común, sino que se ha convertido en una estrategia diferenciadora clave para las empresas que buscan un impacto positivo tanto en sus resultados financieros como en el mundo que les rodea. Cada vez más los clientes, consumidores y usuarios de las marcas demandan unos principios y valores coherentes con los suyos.

Grandes empresas como catalizadoras de la sostenibilidad

La Directiva de Diligencia Debida en Sostenibilidad Corporativa (CSDD) marca un hito importante, enfocándose en las emisiones de alcance 3 y la reducción de la huella en la cadena de suministro. La aplicación de la Directiva de la UE sobre Reporting Corporativo en Sostenibilidad (CSRD) impacta a más de 50.000 empresas que cotizan en bolsa en la UE o realizan operaciones relevantes en ella.

Esta regulación, efectiva a partir del ejercicio fiscal de 2024, requiere el reporte de 826 datos, siendo un 70% cualitativos y un 30% cuantitativos. Las empresas deberán abordar aspectos como la descripción de su modelo de negocio, estrategia, objetivos, gobernanza de la sostenibilidad, sistemas de incentivos, impactos y medidas preventivas, entre otros.

La CSRD también introduce la doble materialidad, destacando la importancia de informar sobre aspectos tanto financieros como de impacto significativo real o potencial en el corto, medio o largo plazo. Este enfoque refleja la transformación cultural en el ámbito corporativo, impulsada por la creciente demanda de profesionales especializados en sostenibilidad y la necesidad de adaptarse a prácticas transparentes y resultados ESG.

El fin del Green Washing

En 2024, el greenwashing enfrenta su principio del fin con la inminente aprobación de la ‘Green Claims Directive’ en el Parlamento Europeo, programada para el primer trimestre. Esta legislación se fortalecerá aún más con el Reglamento sobre Ecodiseño de Productos Sostenibles, que busca ser aprobado por la Comisión en el mismo período, incorporando requisitos de diseño ecológico a los productos europeos.

En este marco, se introduce el innovador «Pasaporte de Producto Digital» para facilitar decisiones informadas. Estas medidas reflejan la creciente atención y escrutinio hacia el greenwashing por parte de los reguladores, destacando la importancia de acciones concretas y datos verificables en lugar de meras afirmaciones ambientales.

En 2024, las empresas enfrentan el desafío de no solo «parecer» verdes, sino de demostrar su compromiso real con la sostenibilidad en un contexto regulatorio más riguroso.

Empleos y habilidades sostenibles

El creciente compromiso empresarial con la sostenibilidad ha desencadenado una revolución en el mercado laboral, con un marcado aumento en la demanda de profesionales especializados en áreas de sostenibilidad. Este cambio no solo implica la creación de nuevos roles, como el Controller ESG en departamentos financieros, sino también la redefinición de roles tradicionales, como marketing, finanzas y recursos humanos, con un enfoque sostenible.

Este auge no solo refleja la necesidad de habilidades técnicas en sostenibilidad, sino también un cambio cultural en las empresas, donde se valora no solo la experiencia técnica, sino también la afinidad con los valores y la visión sostenible de la compañía.

En 2024, la consolidación de roles como el Controller ESG será evidente, y la demanda de profesionales con habilidades «verdes» seguirá en aumento, anticipándose a la necesidad de más formación académica especializada en sostenibilidad para satisfacer la creciente demanda del sector.

Inteligencia Artificial

La Unión Europea liderará la regulación integral de la inteligencia artificial (IA), con un acuerdo provisional entre los Estados y el Parlamento Europeo que se espera que entre en vigor a finales de 2026.

Este acuerdo establece normas para garantizar la seguridad y el respeto a los derechos fundamentales en el uso de sistemas de IA en la UE. En 2024, la IA desempeñará un papel fundamental en la gestión de datos de sostenibilidad según los Estándares Europeos (EFRAG), facilitando la toma de decisiones de gestión e inversión, mejorando la transparencia a través de la automatización de informes ESG y gestionando eficientemente la cadena de suministro.

La IA también influirá en el comportamiento sostenible de los consumidores y jugará un papel clave en la transformación del paisaje empresarial hacia la sostenibilidad. Aunque la IA ofrece soluciones innovadoras, se destaca la importancia de abordarla con una mentalidad ética, asegurando su uso responsable y respetando la privacidad y seguridad de los datos.

En conclusión, la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) emerge como un componente esencial para el éxito sostenible de las empresas en el año 2024. Así, el compromiso real con la sostenibilidad se vuelve imperativo, desafiando a las empresas a no solo «parecer» verdes, sino a demostrar su dedicación en un entorno regulatorio más riguroso.

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